¡TE ADORAMOS, OH CRISTO, Y TE BENDECIMOS, QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO!

Viernes Santo 2020.

Posiblemente nunca en la historia del Cristianismo se había celebrado en estás condiciones.

Sin poder custodiar la Cruz desnuda. Ni cumplir con las visitas a monumentos. Sin oficios vividos in situ. Ni el recogimiento rezado en los templos. Sin las saetas en las calles. Ni redobles de cornetas y tambores. Sin cirios encendidos que abren la oscuridad para que avance con el Paso. Ni Vía Crucis junto a nuestros hermanos en la Fe.

Una Cuaresma única, especial, doliente y colmada de ocasiones para meditar y acercarnos a Nuestro Señor. Un mes aislado y seis días en un hospital ingresado por neumonía COVID ha sido tu regalo Señor, para que palpe mi propia indigencia, mi debilidad.

En un mundo donde se adora lo inútil, lo intrascendente, no se respeta la vida, se apoca la dignidad de la persona, el hombre se supone perfecto, no a TU imagen y semejanza sino recluso de una extraña obsesión por el triunfo engalanado de vanidad. Y ahora un virus desconocido de procedencia perversa nos derrota y humilla, para desastre de la todopoderosa «ciencia», de toda la gran civilización que todo lo podía.

Señor Dios, siempre que te he pedido auxilio Tú has estado, ¡siempre!. Y cuando te veo ensangrentado caido, sufriendo coronado de espinas, cargando la Cruz, busco pretextos, tiemblo incapaz, soy débil. No tengo la valentía y arrojo de Simón de Cirene que alivió el peso de la Cruz, ni el coraje de Verónica acercando el cazo con agua para aliviarte y limpiarte el rostro.

Señor te ruego no perder la esperanza, ni la ilusión, pues me doy cuenta de mis carencias y cuando he caído, has sido TU con tus heridas, Quien me ha levantado, tu mano firme y en ti he descansado.

Dime Señor, ¿Qué Cruz debo elegir? No quiero avergonzarme de Ti como tantos hacen sin ni siquiera conocerte.  Ayúdame a llevar mis fracasos y vanidades. Honrar con hechos tu nombre. A no ser cobarde ante el mal y salir al encuentro de la verdad, la bondad y la belleza siguiendo el ejemplo de tantos mártires. No me dejes solo ante esta Cruz.

Señor Dios te pido por mi familia, por España, por un mundo que abrace la Cruz con alegría. ¡Te lo pido Señor!

 “Señor Pequé, ten Piedad  y Misericordia de mí”.